¿Crees que es necesario gastarse una fortuna para casarse?


Muchas parejas, aún sintiéndose ya listas para el matrimonio, retrasan la boda y hasta inician su vida en común sin antes celebrar el sacramento del matrimonio, porque no tienen dinero para festejar.


 

Y claro que todos desean poder tener un lindo vestido para ese día, e invitar a familiares y amigos a unirse a su alegría ofreciendo para ellos una gran fiesta, con flores, música y buena comida. Sin embargo, si ese es tu caso, queremos que consideres lo siguiente:

 

Celebrar el matrimonio es distinto de festejarlo. La celebración tiene que ver con el momento sagrado en que frente al altar la pareja se entrega el uno al otro, teniendo a Dios como testigo y fundamento para su entrega total y fiel. La fiesta es la forma como se invita a familiares y amigos a participar de esta alegría, pero no es esencial al matrimonio en sí mismo.

 

El día de la boda es sólo un momento, el matrimonio es para toda la vida. Hoy en día, las influencias culturales presionan a las parejas a gastar mucho dinero en la fiesta de bodas.

 
El elevado costo de estas fiestas hacen que muchas veces las parejas empiecen su vida matrimonial con deudas que les traen al final más problemas que alegrías.
 

Lo único que la Iglesia les pide como contribución económica, para celebrar con ustedes el rito del sacramento del matrimonio, corresponde al costo del uso del templo (costo de iluminación, etc.), cuando la ceremonia se realiza fuera del horario normal de las misas con los fieles. Pero si aun así no pueden dar esa contribución, hablen con el sacerdote encargado y con seguridad él les dará una ayuda.

 

Los costos adicionales dependen de la música, las flores y el alquiler del tapete rojo de la entrada, etc. Pero todos estos costos son accesorios y se pueden omitir.

 

Los bienes que para la pareja y su futura familia aporta la gracia del sacramento no tienen precio. Dios mismo garantizó su presencia en medio de aquellos que prometen amarse como El nos ama.

 

Esto da a las parejas, que inician su vida en común o a aquellos que ya estaban conviviendo la posibilidad de contar con su especial asistencia para llevar a delante su amor y compromiso.

 

Ciertamente el matrimonio no es un asunto puramente privado sino que por ser un sacramento y la base para la formación de una familia estable, tiene repercusiones comunitarias y para la sociedad.

 

Por eso tiene sentido el que se realice frente a familiares, amigos y frente a la comunidad eclesial.

 

El programa de “Bodas Sencillas” invita a que las parejas que se van a casar, o a convalidar sacramentalmente su unión pues convivían ya, se preparen a vivir su celebración sacramental mediante un retiro y unas secciones de encuentros con el sacerdote, donde prepararan juntos el rito y los festejos. Así las parejas se sienten protagonistas de su celebración, como lo indica la Iglesia.

 

La fiesta puede realizarse en un salón de la misma parroquia, donde de manera sencilla pero elegante y muy sentida, los nuevos esposos puedan hacer un brindis, partir una torta y ofrecer unos bocadillos a todos los que decidieron acompañarlos en ese momento tan especial de sus vidas.