Al casarse lo mío es tuyo...y lo tuyo es mío?


Uno de los primeros acuerdos que tendrán que tomar, tu futuro esposo y tú, es bajo qué régimen conyugal casarte.


Debes saber que existen dos formas de casarte ante la ley: bienes mancomunados y bienes separados; éstos tienen que ver directamente con la administración de los bienes, mismos que solo se incluyen en la sociedad conyugal aquellos que son generados a partir de la fecha del matrimonio.


Esto significa que todo aquello que posea desde antes la pareja por separado, seguirá siendo siempre de cada quien, a menos que se establezca lo contrario en lo que se denominan capitulaciones matrimoniales. Con ellas, al momento de contraer nupcias se establece que los novios aportan sus bienes a la sociedad que acaban de formar.


La manera de hacerlo es endosando cualquier factura del bien mueble y, si es inmueble, se debe formalizar ante el Registro Público de la Propiedad para que ahí aparezca. Un notario es el que tiene que transmitir la propiedad a la sociedad conyugal.


Si optan por esta modalidad, pueden platicar con el juez que los casará, por si quisieran hacer estas capitulaciones y a partir del primer momento tener todo como un patrimonio común. Si no lo platican con el juez, lo más seguro es que él les haga firmar un formato en el que se establece que lo que se tenía desde antes seguirá siendo de cada quien.


Si esquematizamos un poco, podríamos decir que casarse por bienes separados es ideal para personas muy independientes, en donde ambos trabajan y gozan de administrar sus cosas personales y su economía. La sociedad conyugal puede ser más adecuada para un matrimonio con personalidades que gusten más de trabajar en equipo y de administrar las cosas en conjunto.


En última instancia, si no se deciden por uno u otro sistema, se pueden casar por el que más les satisfaga en este momento y, más adelante, hacer un cambio. Este trámite se hace ahora de manera simplificada ante un juez de lo familiar.


Fuente: La Guía Financiera de tu Boda